Fuera de la jaula

Fuera de la jaula

sábado, octubre 14, 2017

ENTREVISTA A FERNANDA GARCÍA LAO: “ESTAMOS CONDENADOS AL FRACASO CON LA LITERATURA”

Escrito por Gustavo Yuste
La primera piedra.



Fernanda García Lao nació en Mendoza en 1966. Diez años después, su familia se exilió en España. Desde 1993 vive en la Argentina. Fuera de la jaula es su quinta novela. Es actriz, dramaturga, compositora y narradora. La periodista Silvina Friera la definió como “la escritora más rara de la literatura argentina.” En 2011 fue elegida por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como uno de los “25 secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana”

La necesidad de correr los límites todo el tiempo

Si hay algo que destaca dentro de la obra de Fernanda García Lao es su carácter disruptivo y provocador, donde el lector es puesto a prueba con una historia que borra varias de sus coordenadas claves para lograr una apertura mayor de sentidos. En esa dirección, Nación Vacuna -la última novela de la autora argentina que vivió casi dos décadas en España- muestra el talento de García Lao para manejar lo inesperado dentro de la literatura.

Esta ficción ubicada en una suerte de presente distópico, aunque también podría ser el pasado o el futuro, ya que las líneas temporales no están del todo claras, la humanidad perdió todo rasgo de compasión o empatía y se entregó a su crueldad. “Me gustaba la idea de trabajar con esa carencia maquinal, porque la peor máquina somos los humanos”, señala García Lao a La Primera Piedra en relación con eso.

Me gusta más incursionar en las texturas, en los modos de decir del universo que se va creando, seguir casi de una forma rastrera las huellas que se van dejando.
Dialogando entre lo verosímil y lo fantástico, con breves coqueteos con otros géneros como la ciencia ficción o el diario personal, la novela avanza con pasos seguros en un terreno inestable, demostrando porque la autora es una de las más originales dentro de la escena literaria actual. “A mí como lectora me aburre cuando me dan información previa, prefiero que confíen en mi capacidad intelectual. Por otro lado, uno en su vida no tiene todas las lámparas encendidas, hay un montón de cosas que no se explican”, comenta.

— Al ser una historia tan particular, ¿cuál fue el germen de esta historia?
— Yo a los gérmenes no les presto mucha atención, hasta que se hacen severos. En general vos construyendo a partir de imágenes que me parecen inquietantes o me dan ganas de indagar a su alrededor, sin preocuparme por la trama, sino más bien por los estados. Ahí enseguida aparece una suerte de elenco o protoelenco y la tensión dentro del relato. Siempre me induce más el lenguaje que la trama.

— ¿Te dejás llevar por la historia?
— Por lo que yo siento que va necesitando. Una escena es responsable, casi, del nacimiento de la siguiente. No hago una especie de ruta previa, porque sería intervenir desde el lugar más previsible. En cambio, me gusta más incursionar en las texturas, en los modos de decir del universo que se va creando, seguir casi de una forma rastrera las huellas que se van dejando.

— ¿Dentro de qué género introducirías Nación Vacuna?
— No sé si es ciencia ficción, es más ficción que ciencia (risas). Me gustaba la idea de trabajar con esa carencia maquinal, porque la peor máquina somos los humanos. Además, como transcurre en Argentina, me pareció que tenía que ser prolija con el verosímil, pero en lo demás no me importaba. De todos modos, siempre se va pervirtiendo la idea original. En general suelo borrar algunas de las coordenadas básicas para que el lector se oriente solo.

— En el libro hay una suerte de presente distópico, donde también hay momentos de denuncia sobre la sensibilidad humana y la burocracia. ¿Vos como lo ves?
— Sí, por eso el protagonista mismo se nombra como funcionario, porque es funcional a un sistema al que no adhiere pero beneficia. Siempre parece que nadie es malo por motus propio, como la obediencia debida. Cuando la empecé a escribir el panorama político en Argentina era muy distinto y hoy puede llegar a leerse desde otro lugar. Estamos en un momento bastante maldito y uno se pregunta qué hace con la ficción: si imitar a la realidad o alejarse. Más en estos momentos donde todo está tan contaminado desde el lenguaje que se aplica y la acumulación de versiones para ocultar algo.

— Un poco en relación a la contaminación que hay en el lenguaje, ¿cómo puede hacer la literatura para llegar a los lectores ante el flujo de información que se maneja hoy en día?
— Yo no pretendo competir con eso (risas),es imposible. Yo asumo mi carácter diminuto. Además, nunca pretendí que la literatura pueda salvar a nadie. A lo sumo podés salvar a algún despistado, pero las masas no sé como funcionan y no pretendo saberlo, no es mi función. La literatura tiene varias capacidades que la realidad no tiene, como puede ser crear otros escenarios o transgredir los sistemas en vigencia, más allá de cuánta gente lo lea. Tampoco creo que en términos históricos haya habido buenos momentos para escribir, por eso descreo de los finales perfectos o cerrados. La sociedad ahora está muy acostumbrada a una lectura muy parcial y sesgada de todo lo que ocurre, conviviendo con el horror, la idiotez, una suerte de pastiche en donde todos los discursos se pelean por llamar la atención.

— ¿La literatura cómo logra posicionarse con respecto a eso?
— Todo lo que no está relacionado al instante hoy parece descartable, pero la literatura tiene otra velocidad. Es un momento para intervenir con otra conciencia sobre este presente del ridículo. No me parece que haya que pensar en términos de competencia, al menos desde una mirada exitista. Además estamos condenados al fracaso con la literatura, pareciera que es un mal innecesario.



— Volviendo a Nación Vacuna, el lugar que le das a la mujer como un objeto en esa especie de contexto atemporal es más que interesante. ¿Cómo ves a la literatura contemporánea y su relación con la lucha feminista?
— Me parece que si una se sienta a escribir ficción, no puede desoír lo que está ocurriendo a su alrededor, sería idiota hacerlo. Es una necesidad de estos tiempos correr los límites en los que la mujer estuvo retenida, pero sin hacer propaganda, porque no creo en la literatura que tenga esa función. Han aparecido escritoras con una oscuridad notoria y, que si bien siempre las ha habido, eran vistas como una excepción, pero ya no. Ojalá ya quedaran viejas estas discusiones y podamos pensar sin género.

— En tu literatura en general, y en Nación Vacuna en particular, se puede ver que no solés dar pistas al lector, ¿es algo a propósito?
— Es que a mí como lectora me aburre cuando me dan información previa, prefiero que confíen en mi capacidad intelectual. Por otro lado, uno en su vida no tiene todas las lámparas encendidas, hay un montón de cosas que no se explican. En ese sentido soy muy realista. ¿Quién te da explicaciones todo el tiempo? A mí no me las dio nadie: ni cuando fue el exilio, ni durante mi regreso. Lo que sí me interesaba en Nación Vacuna es pensar en dónde está el deseo de alguien que no vive donde quisiera, replanteando también el cuerpo de la mujer que suele ser visto para consumo. De ahí también un poco el juego polisémico con el término “vacuna”. Además, todos los días tenemos que autovacunarnos contra la realidad, hay que estar un poco loco o perverso para no padecer todo lo que está sin resolver.

— Me interesa eso que dijiste del lugar del deseo dentro de una vida que no es la que más nos interesaría. Se puede aplicar al plano laboral, pero también al familiar y al sentimental, ¿no?
— Sí, es un poco el seguir un surco ya trazado varias veces y el temor a cualquier desvío. Será por eso que me dedico a desviarme en mi vida.

(...)
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martes, octubre 03, 2017

The Arkansas International

The new issue of The Arkansas International includes a story by Fernanda García Lao translated by Will Vanderheyden, called "Sharks with Hairdos".



https://www.arkint.org/issue-three/

lunes, octubre 02, 2017

Feria del libro de Mendoza 2017


Cosas propias y ajenas.
Auditorio Julio Le Parc

Jueves 5
19.00 Sala Tejada Gómez: Presentación del nuevo libro “Antonio”, de Guillermo Saccomanno.
21.00 Sala Francia: “Luis Scafati muestra cómo hizo los dibujos de Drácula, de Bram Stoker”, con Luis Scafati y la coordinación de Karina Micheletto

Viernes 6
18.00 Sala Rúpolo: Presentación del nuevo libro “Nación vacuna”, de Fernanda García Lao. Con Mariana Guzzante.

Sábado 7
19.00 Sala Tejada Gómez: Charla sobre la creación literaria compartida “Amor Invertido” a cargo de Guillermo Saccomanno y Fernanda García Lao.

Reseñas. Nación Vacuna, De Fernanda García Lao

DOMINGO 01 DE OCTUBRE DE 2017
La Nación
Daniel Gigena

¿Qué habría pasado si la Argentina hubiera triunfado en la guerra de Malvinas? A medias, la nueva novela de Fernanda García Lao (Mendoza, 1966) es una excursión a un género poco frecuentado por la literatura actual, excepto quizás por Dalmiro Sáenz y Federico Andahazi en el siglo pasado, y por Fogwill, con Un guión para Artkino, y por Carlos Godoy, con La construcción, publicadas en el XXI. En las ucronías, la imaginación se explaya en la reconstrucción de hechos históricos alternativos a los que fijó la realidad. "Desde que ganamos la guerra, todo se descompuso", observa Jacinto Cifuentes, el protagonista de Nación Vacuna. Por medio de él se sabe que los invasores, al retirarse de las M, como se llama a las islas en la novela, han emponzoñado las aguas con combustible. Muchos murieron envenenados en pleno festejo y otros pocos héroes, como los considera la Junta que gobierna desde Rawson, permanecen a la espera de una solución.



Pero ¿por qué la novela de García Lao es una ucronía a medias? En vez de proyectar una realidad alternativa social completa, como sucede por ejemplo en El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, Nación Vacuna ahonda en las circunstancias del triste funcionario de gobierno que es Jacinto. Rival de Leopoldo, el hermano plenipotenciario; hijo vegetariano de un matarife, amante infortunado y agente a desgano de una misión que intenta unir la prostitución con el patriotismo, el personaje del burócrata ofrece una perspectiva ideal para observar la realidad de un régimen donde los cuerpos de las mujeres son instrumentos de redención social. "Si no sobrevive, cosa muy probable, será elevada a Ciudadana Ilustre por Decreto. Y enterrada en las M. Punto", se estipula.

Sin embargo, mientras el Proyecto Vacuna avanza mediante interrogatorios absurdos, protocolos y desapariciones misteriosas de las mujeres no aptas para la empresa, la historia se enfoca en las tribulaciones de Jacinto. De a poco, la ucronía se transforma en una pesadilla edípica. Están los personajes necesarios para que eso ocurra: el padre necio y (por oficio) sanguinolento, la madre ausente que regresa como psicóloga al servicio de la manipulación política, el hermano que escala en la pirámide social e incluso Mona, una mujer deseada por él y por su hermano. "Juntos, parecemos actores de una farsa mortecina", reflexiona Jacinto en una cena donde casi ayuna (apenas le sirven una ensalada de berro mientras los demás devoran un cordero).

Como en otras narraciones de la autora, la alimentación, el erotismo y la violencia forman un trío inquietante de sentidos que migran. En Nación Vacuna, el deseo muchas veces adquiere el viso de una pasión caníbal. "Tengo ganas de comerme a Erizo. Me la imagino con manteca", piensa Jacinto luego de probar una de las enigmáticas cápsulas de carne, preparadas quizás por la Junta con material humano descartado para la misión atlántica. Tampoco faltan los gags. "Menos mal, digo. Si no, estarías hablando sola", reflexiona el hijo cuando la madre le comenta que quedó embarazada de él sólo por falta de planificación.

(...)

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lunes, septiembre 25, 2017

Una novela sobre las pesadillas de la carne

Por Fernanda García Lao.
22 de septiembre de 2017
INFOBAE

La autora de Muerta de hambre y La piel dura cuenta en primera persona el origen de su nueva novela, Nación vacuna (Emecé). Los libros de Fernanda García Lao destapan lo siniestro de las acciones cotidianas.


Ya no recuerdo cómo apareció Nación Vacuna en mi cabeza. Nunca presto atención a las apariciones hasta que se hacen recurrentes. Pero tengo algunas visiones que podrían ser las más viejas, las que dispararon la novela: una vaca colgada boca abajo sacude las piernas, como si la muerte fuera un ataque de epilepsia. Un hombre solo, de noche, en lugar de tirarse al río desde arriba de un puente, vacía su vejiga y se ve en perspectiva. La colecta para los soldados muertos de frío y de hambre del otro lado del Atlántico incluye paquetes de pañales y leche en polvo. Mujeres que deben pasar una selección, contestan preguntas absurdas con los brazos desnudos.



Esas escenas se cruzaron en algún momento, o nacieron esclavas unas de otras. Se complotaron para dar a luz a este pequeño universo bastante masculino. El narrador es un idiota y me gustó así. Un idiota con pretensiones. Como todos nosotros. Un funcionario que escribe en primera persona y que yo leí como si no fuera la responsable de su existencia. Yo le corregí el mundo a Jacinto Cifuentes, nada más. O le buscaba el ángulo en el lenguaje, en la vida.

Anduve tres años con esta novela, mientras escribía poesía. Los poemas de Carnívora son de la misma época, esa en la que volví a comer carne. En la que una anemia me puso a masticar de nuevo. La segunda vez que volví a Argentina desde Madrid, yo no comía cadáveres, así los llamaba. Me invitaban a asados y yo sentía que el canibalismo y la amistad iban de la mano, que compartir una víctima sobre las brasas creaba una sensación de tribu entre los comensales. Y yo me quedaba afuera. Andaba con mis ensaladas y mis zetas, rumiando sola. Cada tanto me hago la pura, pero no duro nada. Volví a disfrutar de la mística de la carne porque quiso la anemia que me acercara al hígado. Era eso o unas horribles inyecciones de hierro.

Lo que sí recuerdo es que tomé decisiones muy concretas. Nada de diálogos directos ni exceso de coordenadas. Me gusta oscurecer algún eje cuando escribo. En este caso fue el asunto del tiempo. El presente sucede mientras se nombra, no hay fechas para el ya. Trabajé con una suerte de distancia histórica mal documentada. Una junta civil gobierna, la capital se ha mudado al sur. El resultado es algo así como un retro futurismo nacional. Una pesadilla colectiva que tiene los colores patrios. Una trama suedopolítica que incluye el humor negro o la tentación de la carne, en un amplio sentido del término.

martes, septiembre 12, 2017

miércoles, septiembre 06, 2017

Feria del libro de Villa Mercedes 2017



Jueves 7 septiembre• 17:00
Taller literatura Dark: el placer de la oscuridad.
Dictado por Lao



Viernes 8 • 18:00hs
Presentación de la novela "Nación Vacuna"
Junto a Claudia Piñeiro.
Auditorio Lafinur

miércoles, agosto 30, 2017

Nación Vacuna: nueva novela





Sinopsis:
"Una burocracia de la carne, una Junta que planifica sistemas con dedicación artística, una cultura del scouting que detecta mujeres aptas ¿para qué? En Nación vacuna se impone una realidad de misterios de la que se alcanza a ver, como una pesadilla interminable que sólo sucede cuando se cuenta en un presente aterrador (el presente que nunca termina de pasar), geografías inhóspitas, leyes cambiantes, frigoríficos, cápsulas de carne, sexo furtivo y, sobre todo, la inquietud un poco demente que produce la expectativa de grandes cosas.
Fernanda García Lao es una artista del fragmento narrativo en su variante de violencia poética. La atrocidad irrumpe en la delicadeza, el clasicismo en la barbaridad. Si no es para producir este tipo de sorpresas, es mejor que la literatura no exista. Nación vacuna es la novela natural de este mestizaje en el que vemos al mismo tiempo, atraídos y expulsados por el metabolismo voraz de la autora, al Osvaldo Lamborghini de Tadeys y al Kafka que se entrega a inventariar como un miniaturista los procesos por los cuales se cumplen las leyes que nadie escribe.
Nación vacuna es la memoria argentina de un futuro histórico que ya pasó sin que lo viéramos. Una realidad fantasma que enloquece nuestras percepciones sin que sepamos si se aleja o se acerca, camuflada bajo la telaraña de los días."
Juan José Becerra

A partir del 1 de septiembre, en librerías.
Edita: Planeta Emecé.

viernes, agosto 18, 2017

Una invitación a la disidencia

La Nueva Narrativa Argentina, el carácter móvil de la memoria, internet o la máquina de editar en vivo, los anti géneros, lo porno y lo prohibido.

Ponencia leída en el 22 Foro del Fomento del libro y de la Lectura, Resistencia Chaco 2017



La Nueva Narrativa Argentina o la imposibilidad de lo nuevo
Como sabemos, la pretensión de lo nuevo es una cruzada que incluye el fracaso. Lo nuevo es lo otro, lo que aún se desconoce. Lo recién llegado. La nueva narrativa sería, entonces, aquella que no leí, o porque no existe y está escribiéndose en este instante, o porque aún no fue publicada y/o distribuida. Basta con leer a un nuevo autor para que abandone tal categoría, basta con dejarlo a la intemperie, para que, en algunos años,empujado por la velocidad con que lo nuevo se degrada, resulte otra cosa. Una cosa sin clasificar. Porque, al ser desbancado por la novísima narrativa, la púber, la sub 20, la nonata, o cualquier proyecto aún no concebido pero publicitado desde su carácter seminal, el que fue nuevo estaría obligado a consagrarse. No hay término medio. O sos nuevo o sos un clásico. El mercado cultural capitalista, cada vez más necesitado de figuras masticables, improvisa nuevas categorías con la esperanza de sobrevivir. Y un narrador suelto o sin catalogares un peligro. No hay estante que lo contenga ni faja que le venga bien.Por eso últimamente, las casas editoriales de todo el mundo descubren a narradores muertos que pasaron inadvertidos en su momento y que hoy se consagran como lo nuevo que no vimos en aquel entonces porque estábamos entretenidos con los que sí vimos y ya son clásicos y todo el mundo leyó. Se inventa entonces lo nuevo de lo viejo: Lucia Berlin, John Williams, Henry David Thoreau, etc.
Sin embargo, la nueva narrativa argentina es una categoría que existe a pesar de ser mutante y pobre en ventas. En ella, se nos encolumnó a diversos narradores surgidos después de la crisis del 2001.Éramos lo nuevo, porque estrenábamos el siglo publicando. El calendario estaba virgen,como un cuaderno sin tachaduras, y se escribía con sangre fresca. El siglo veinte parecía una tía entrada en años y en tragedias, que se resiste a quedar afuera del baile porque siente que aún tiene pliegues y sorpresas que mostrar. Entonces, a codazos, se la conmina a retirarse de la pista. Pero la tía sabe que en unos añitos más tendrá su revancha. Cuando el nuevo siglo se canse de los contoneos y sea tiempo de reflexionar frente a las fauces de lo último.
A esta nueva narrativa argentina, también se la definió como post dictadura porque en sus filas estábamos aquellos que fuimos niños o adolescentes en los años de la dictadura cívico militar, los que empezamos a leer y escribir en democracia. Elsa Drucaroff en su ensayo Los prisioneros de la torre,propone el término. Y parece una definición mejor, aunque ya sabemos que los narradores y los poetas pretendemos haber nacido de un zapallo crecido en el centro de ninguna parte. Digo zapallo para evocar al Zapallo que se hizo cosmos, de Macedonio Fernández que, a pesar del tiempo, se mantiene núbil e irreverente.
Heme ahí, entonces, como nueva narradora argentina, por un lapso tan encantadoramente breve como el pasito atroz de un segundero.
Pero yo no me sentía nueva ni parte de ninguna generación porque fui una niña exiliada en la dictadura y, por tanto, mi entorno y lecturas fueron diferentes. Mi generación es difícil de situar. Porque uno se construye con otros en un espacio común, y en mi caso, esos otros no estaban. Esos otros eran otros. Mi generación de allá, a la que pertenecí por un tiempo, me proponía un sentido de la libertad que, si hubiera permanecido acá, no habría vislumbrado, por razones obvias.Doble mutante, entonces. Ni nueva ni solamente argentina. Con un horror, de cualquier modo. El horror de la distancia.Mi desacomodo no puede ser más argentino. Porque somos la destilación de lo impuro, de lo ajeno. Gente de todos lados y de ninguno. Un pueblo con conciencia del desarraigo. Pero, a pesar del desvío, fue a mi llegada a Buenos Aires que comencé a escribir como si me hubiera contagiado de alguna fiebre desesperada. Me contagié de escritura, aunque fonéticamente fuera y siga siendo un poco descarriada. Y me sentí parte al publicar en consonancia con otros, venidos de geografías y biografías diferentes, a los que leí con interés y con quienes intercambié imaginario y poéticas diversas, con el optimismo de una paracaidista que cae sentada.

El carácter móvil de la memoria
Baudelaire escribió “mi patria es mi infancia" y su frase se ha convertido en una especie de eslogan. Sin embargo, no ha perdido potencia. Partiendo de esa premisa yo podría afirmar que mi patria no tiene lugar porque mi infancia fue mudada varias veces de domicilio, de historia y de hemisferio. Mi patria es el movimiento. Es decir, un terreno movedizo como la escritura en el que me entierro y me rescato cada vez. A veces imaginamos que la memoria es una losa bajo la cual subyacen determinados episodios que nos son comunes. Nieves eternas que conservan a las criaturas y a los eventos del pasado con el gesto congelado, sin mácula. Sin embargo, la memoria colectiva es una convención que cada sector recrea como quiere, no hay acuerdo posible ni hacia atrás ni hacia adelante. La memoria individual también miente, es una construcción semántica muy editada, que terminamos aceptando como verdad para no mover determinados pilares que parecen destinados a sostenernos. La memoria colectiva y la individual tampoco coinciden.
Yo siento que es una obligación poner distancia,poner en duda lo que se recuerda y lo que se ve. Eso no significa anular las emociones del pasado. La distancia es el mecanismo ideal para no escribir en caliente, se necesita afilar la herramienta para decir con potencia.Para que la escritura no se vuelva fotográfica o banal, como una bofetada redundante o teledirigida. Para eso ya está la prensa, esa forma de seudo-narrativa con pretensiones de verdad, que construye su discurso en contra de lo que acontece, negándolo hasta el extremo de pretender que no pasa. La literatura es todo lo contrario de la información o de la propaganda. Se vale del lenguaje para construir dilemas, puestas en abismo. Por eso, no me interesan las ficciones que se acomodan a una realidad demasiado cercana, un libro está hecho de tiempo. Y de espacio. En la ficción uno construye seres de acción a partir de esquemas nuevos y modelos del pasado, que conviven de modo consciente:no hay percepción sin memoria. El instante vive menos que un mosquito y la literatura necesita más. La memoria más vieja está hecha de vacíos, espacios sin tiempo ni lugar que incluyen la trampa. Saltos sin sentido, instancias leídas, vividas o soñadas.
En el siglo pasado, cuando necesitábamos algún dato incontrastable, recurríamos a la biblioteca. Si no teníamos una, había que caminar y hacerse socio. Ahora, que vivimos más y sin embargo no tenemos tiempo, casi todos recurrimos a esa sucursal de la memoria selectiva, y paga, que conocemos con el nombre de internet. Esta digresión, aunque parezca lábil, es estratégica. Porque internet tal vez sea lo que nos define a aquellos nuevos narradores de la primera década del siglo XXI, devenidos maduros ya, por la degradación delos días.

Internet o la máquina de editar en vivo
Algo parecido a una avalancha escritural sucedió con la crisis del 2001. Uno podía ser pobre,sí, pero tenía ideas. Y, sobre todo, una plataforma donde hacerlas visibles. La irrupción de los blogs facilitó la lectura de miles de textos malos. Pero, parafraseando a Fogwill:“Que florezcan diez maos en el pantano/y en la barranca un Ele, un Juan/un Gelman como elefante entero de cristal roto/o un Rojas roto, mendigando a la Reina de España”. A propósito de España, la obstinación comercial de las editoriales de la península para que los latinoamericanos no pudiéramos leernos sin pasar por sus contratos, parecía doblegada en aquellos días. La nueva narrativa mexicana, chilena o colombiana estaba a un clic de distancia. No sólo aparecían escritores, sino revistas virtuales, papers y pdfs. Bajarse gratis la obra completa de cualquiera se nos hizo vicio. Y la escritura fragmentaria se constituyó en el formato natural para ese soporte.Sin imaginar que la gramática sufriría un recorte con la aparición de Twitter y sus raquíticos 140 caracteres, aquellas generaciones comenzamos a hacer de la síntesis nuestro escudo. Es que no hay mirada que resista el brillo insano de una lectura por computadora.
Pero, más allá del atractivo de la pantalla, todo escritor aspira a talar su propio árbol,a tener su libro en papel. Con el surgimiento de las llamadas editoriales independientes, muchos blogueros dejaron sin actualizar sus desventuras o eliminaron sus seudónimos. Mi propio blog se desfiguró y hoy es pura difusión de mis actividades literarias. Una especie de agenda en construcción permanente.
Internet tiene la virtud de la corrección y de la incontinencia, pero padece su liviandad. Está todo tan a la vista, que parece una porno.

Lo porno
No tiene que ver con lo sexual sino con lo obsceno. Con el exceso de visibilidad de una realidad construida que no coincide ni con la verdad ni con la poesía.La cultura anda en la cuerda floja. Hay muchos jetones en los medios ocupando cerebros ajenos y prostituyendo nuestro imaginario. Porno porque las redes muestran los cacareos verbales mal construidos de algunos, mientras el resto mira y aspira a pulir su pelvis y no sus ideas.
Cuando la Nueva Narrativa Argentina pasó a ser editada, sobrevinieron las lecturas públicas y nos conocimos. Pero quiénes somos. Cuáles son nuestras poéticas. ¿Al ser post dictadura esquivamos el horror que nos precede? Cada escritor es un mundo o no es. No hay dos modos de narrar la misma cosa. Hay escritores y escritoras con pretensiones populares, hiperrealistas, de clase media, alta y baja, dementes, fumones, académicos, endémicos, guachines del conurbano o indómitos trotamundos. Imposible determinar los géneros literarios o de los otros, el ensayo y la auto ficción cohabitan con la falsa crónica, la poesía en modo prosa le pisa los lienzos a la poesía doméstica masculina o a la épica femenina del terror. Si algo pasó fue el anti género, ya no más Boedo y Florida, la pelea binaria. La NNA, sí nos pusieron sigla, es una hermosa promiscuidad de voces que el tiempo maduró o desinfló según el caso, la nueva narrativa argentina fue un tránsito en el que algunos creadores nos fogueamos. Con una particularidad: un grupo nutrido de escritoras mujeres, surgió de esa camada con una fuerza imprevista. No más damas de las letras ni poetisas temblorosas.Ahora somos, sencillamente, colegas. Y venimos afiladas.

Los Anti géneros
Y ustedes se preguntarán a estas alturas, cuándo llega el asunto del policial en mi ponencia. Resulta que escribí un libro de cuentos titulado Cómo usar un cuchillo, más cerca de Thomas de Quincey que de Raymond Chandler. Pero es sabido, si uno dice cuchillo, enseguida se intuye la sangre que vendrá después. Se establece un pacto con el terreno de lo siniestro. Yo me confieso oscura, sí. Sin embargo, jamás he leído ni escrito nada atendiendo a la naturaleza de una intriga. Poe, además de ser el padre del policial con Los crímenes de la calle Morgue, era poeta. Su prosa trastorna, tiene una tensión siempre al borde de la cordura. La Patricia Highsmith que más me interesa es la de El Diario de Edith, donde lo perverso está en la falsificación pavorosa de la realidad que escribe un ama de casa. El terror está siempre adentro.
Más acá, Roberto Arlt escribesu breve crónica He visto morir, sobre el fusilamiento de Severino Di Giovanni y no lo hace en clave policial, sino poética. Evadiendo el hecho de trabajar en la sección policiales, aun cuando responda a las cinco preguntas básicas de la crónica: qué, quién, dónde, cómo, cuándo y por qué, Arltrecrea el episodio a base de elipsis,deimágenesrecortadas. La silla, las risas, el grito del condenado antes de los disparos. Los hechos son tajeados por la percepción trágica de quien observa. Sin venda. La ejecución fue una muerte publica y Arlt más que a cubrirla, fue a revelarla. Viva la anarquía. Viva la forma.
Borges,desde El Séptimo Círculo, la colección que codirigía con Bioy Casares propuso una serie de títulos anglosajones. El primero fue La bestia debe morir, de Nicholas Blake, con traducción de Juan Rodolfo Wilcock. Borges detestaba el noir francés,pero promovía la novela deductiva, cuando algunos las consideraban un asunto menor.
Pero en esta era del exhibicionismo en la que vivimos, quién escribe novelas lógicas o deductivas. ¿Tiene sentido la crónica de una investigación? Pregunto.La policía no sólo no resuelve ningún caso, sino que muchas veces los genera. La Justicia no responde con probidad ni imparcialidad, como todos sabemos. El dilema moral pareciera haber caducado en coincidencia con el vaciamiento de la palabra. Lo criminal parece no conmover a nadie en un país donde los cuerpos de 30 mil personas fueron asesinados y/o encubiertos por el mismo Estado y el gobierno que está hoy en ejercicio se permite conjeturar sobre el número. En una democracia en la que sigue desapareciendo gente, ¿a quién le importa descubrir a los responsables? La maldad no necesita móvil. Se pasea libremente. Hay tanta perturbación en la sección política como en la policial de cualquier diario, y la realidad parece desmentir los límites entre el bien y el mal. Cómo se escribe una novela negra cuando todo es negro. ¿Acaso la literatura puede tener otro color? Si lo negro nació impuro, así debería escribirse. En los márgenes de lo establecido. Sin atender al cartelito. Sino, corre el riesgo de convertirse en el arte de la filatelia, como diría Trotski en sus ensayos sobre literatura. Un arte de la colección que incluye la repetición y el bostezo.

Lo prohibido
Para terminar, como sabemos, la escritura es un acto particular, pero la literatura no existe sin lectores. ¿Alguien recuerda cuando leer o escribir eran actos prohibidos, casi una herejía para desquiciar al poder? Dónde están esos escritores que desafían, dónde sus lectores. Más allá de las categorías, uno escribe para entender. Uno lee para pensar, para desmantelar la idiotez que nos acosa en cada esquina de nuestro escaso mobiliario espiritual.La literatura es un acto trasgresor sin atender a las demandas, las categorías o las legitimaciones. Que desafía al tiempo. Leer a las generaciones que conviven con uno, a los que siguen vivos e irreverentes a pesar del tiempo,eso sí se me hace inevitable. Desconfío de quienes no incluyen entre sus preferencias de lectura a los que estamos produciendo ahora, nuevos, o de generaciones intermedias, a los que casi no circulan. Y también de quienes no se interesan por los clásicos. La escritura sucede más allá del calendario. Arlt es reciente, Cortázar, un pibito y Alejandra se nos muere cada noche y resucita en la mañana. Basta con abrir o cerrar sus libros. Cada escritura dispara una biblioteca. Cada biblioteca, una pregunta. La lectura y la escritura son actos de resistencia. Una invitación a la disidencia.
Gracias por escuchar, por la invitación y por el fervor...

miércoles, agosto 09, 2017

martes, junio 06, 2017

Mar del Plata, en breve.



En este nuevo encuentro del ciclo de charlas "De amor, de locura y de muerte" que se lleva a cabo en #MardelPlata participarán tres destacadxs autores: Fernanda García Lao, Marcelo Figueras y Agustín Marangoni, en una propuesta que contará con la coordinación de Pablo Kersner.
Viernes, 30 de junio entre 18:30 y 20:00
Auditorio OSDE

viernes, mayo 05, 2017

Feria del libro de Buenos Aires 2017


Presentación de la colección Contra Tiempos.
Editada por la Universidad de General Sarmiento UNGS
Bombero (monólogo encendido) de Fernanda García Lao.
Viernes 5 a las 17 en el stand de Librería Universitaria Argentina



Arlt, García Lao, Rozenmacher, Budassi, Quiroga, Muslip.




jueves, abril 27, 2017

Feria del Libro de Buenos Aires 2017


Ciclo de entrevistas:
PAISAJES CON AUTOR. A cargo de: Diego Erlan, Daniela Pasik, Eugenia Zicavo y Santiago Torres
Paisajes con autor es un ciclo de retratos de artistas y sus contextos de producción.

Pabellón Azul (stand 602)
Viernes 28, 18 hs. Paisajes con autor. Eugenia Zicavo entrevista a Fernanda García Lao y Camila Fabbri
Fernanda García Lao es escritora, dramaturga y poeta. Publicó las novelas Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas y Fuera de la jaula, así como el libro de cuentos Cómo usar un cuchillo. En 2015, publicó Amor invertido, en coautoría con Guillermo Saccomanno. En 2016, editó Carnívora, su primer libro de poesía.
Camila Fabbri es escritora, dramaturga y directora. Presentó las obras de teatro Mi primer Hiroshima y Condición de buenos nadadores. Los accidentes (Notanpuan 2015) es su primer libro que reúne catorce relatos cruzados por el trabajo sobre el cuerpo como gran espacio de construcción de sentido.


Pabellón Ocre (stand 3111)
19 hs. Paisajes con autor. Diego Erlan entrevista a Federico León
Autor y director de obras como Cachetazo de campo, Museo Miguel Angel Boezzio, Ex Antuán, Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack, El adolescente y Las multitudes. Actualmente tiene en cartel: Yo en el futuro, en el Cervantes y Las ideas, en Zelaya
Sábado 29 de abril

Pabellón Ocre (stand 3111)
18 hs. Confesionario. “El fuego sagrado”. Cecilia Szperling entrevista a Walter Lezcano
Editor, periodista y escritor. Publicó libros de poesía, narrativa y ensayo. Este año publicó: Punk rock, Nací en una generación y La ruta del sol, la trilogía de Él Mató a un policía motorizado. A fines de 2017 Tusquets publicará Luces calientes. También se encuentra dirigiendo el documental Mi próximo movimiento, rock antes y después de Cromañón.

Domingo 30 de abril
Pabellón Ocre (stand 3111)
17 hs. La marca creativa. Diego Bresler entrevista a Javier Acuña para abordar el tema Audiencias.
La importancia de tener una marca clara para poder desarrollar un destino, público y cliente claro
Actor, astrólogo y creador y director de los proyectos Alternativa Teatral y Tecnoescena. Se ha desempeñado en las áreas de informática, internet y comercio electrónico.

Lunes 1 de mayo
Pabellón Ocre (stand 3111)
17 hs. Confesionario. “El ruido del tiempo”. Cecilia Szperling entrevista a Romina Paula
Dramaturga, escritora, guionista y actriz. Es autora y directora de las obras Algo de ruido hace, El tiempo todo entero, Fauna y Cimarrón, entre otras. Editorial Entropía editó sus tres novelas ¿Vos me querés a mí?, Agosto y Acá todavía. Confesionario será una conversación acerca las creaciones teatrales y literarias y su conexión, influencia y relación con su infancia y su educación sentimental. Vida privada y creación artística.

Viernes 5 de mayo
Pabellón Azul (stand 602)
18 hs. Paisajes con autor. Diego Erlan entrevista a Juan José Becerra
Autor de Santo, Negro querido: biografía de Alberto Olmedo, Atlántida, Patriotas: héroes y hechos penosos de la política argentina, Miles de años, Grasa: retratos de la vulgaridad argentina, Toda la verdad y La interpretación de un libro y El espectáculo del tiempo.
Pabellón Ocre (stand 3111)
19 hs. Paisajes con autor. Eugenia Zicavo entrevista a Selva Almada y a Angeles Salvador
Selva Almada escritora de poesía, cuentos y novelas. Es autora de Mal de muñecas, Niños, Una chica de provincia, El viento que arrasa, Ladrilleros, Chicas muertas y El desapego es una manera de querernos.
Angeles Salvador fue actriz y comenzó a escribir a los 38 años. Publicó cuentos en diversas antologías y en revistas literarias. El papel preponderante del óxigeno, es su primera novela publicada este año.

Sábado 6 de mayo
Pabellón Ocre (stand 3111)
19 hs. Paisajes con autor. Santiago Torres entrevista a Maxi Trusso
Cantante de electropop, reconocido por hits mundiales como Please me, Same old story, Free and Stronger.
Domingo 7 de mayo
Pabellón Ocre (stand 3111)
17 hs. La marca creativa. Diego Bresler entrevista a Narda Lepes para hablar de la importancia de tener una identidad clara para poder desarrollar un proyecto de vida consistente. Narda y su nombre en la industria gastronómica, como chef, que ya trascendió la cocina, su restaurante, sus productos, los diferentes programas de televisión y los libros.

Viernes 12 de mayo
Pabellón Azul (stand 602)
18 hs. Confesionario. “El cuerpo pide”. Cecilia Szperling entrevista a Gabriela Cabezón Camara, Mercedes Guiraldes y a Margarita García Robayo.
Escritoras que están produciendo literatura en estos últimos años. La historia detrás de las historias. Primera persona, confesional, verdadero.
Gabriela Cabezón Cámara es periodista cultural y escritora de las novelas La Virgen Cabeza, Le viste la cara a Dios, Beya y Romance la negra rubia.
Mercedes Güiraldes es editora de ficción y no ficción. Fue antóloga y prologuista. Este año Tusquets editó su novela Nada es como era.
Margarita García Robayo es una escritora colombiana radicada en Buenos Aires. Es autora de novelas y relatos: Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza, Las personas normales son muy raras, Orquídeas, Hasta que pase un huracán, Lo que no aprendí, Cosas peores y Usted está aquí.
Pabellón Ocre (stand 3111)
19 hs. Paisajes con autor. Diego Erlan entrevista a Lucía Puenzo
Escritora, directora y guionista de cine de La puta y la ballena, El niño pez, Nueve minutos, XXY y Wakolda que también dirigió, entre otras. También dirigió la serie Cromo.
Sábado 13 de mayo
Pabellón Ocre (stand 3111)
17 hs. Paisajes con autor. Daniela Pasik entrevista a Mariana Enriquez
Escritora y periodista, es subeditora del suplemento Radar de Página 12. Las cosas que perdimos en el fuego, su último libro de cuentos publicado en 2016 por Anagrama, fue editado en 19 países y traducido a 14 idiomas. También es autora de las novelas Bajar es lo peor (1994, reeditada en 2013) y Cómo desaparecer completamente (2004), los ensayos Mitología celta (2007) y La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo (2014), el libro de relatos Los peligros de fumar en la cama (2009, reeditado recientemente), la nouvelle Chicos que vuelven (2011) y la compilación de crónicas Alguien camina sobre tu tumba: Mis viajes a cementerios (2013).
19 hs. Paisajes con autor. Eugenia Zicavo entrevista a Claudia Piñeiro y a Inés Garland
Claudia Piñeiro es una escritora, guionista de televisión, dramaturga. Entre sus libros más destacados se encuentran: Tuya, La viuda de los jueves, Elena sabe, Las grietas de Jara, Betibú, Un comunista en calzoncillos y Una suerte pequeña, todos publicados por Alfaguara. En esta Feria del Libro presentará su nuevo libro, Las maldiciones.
Inés Garland es escritora. Publicó las novelas El rey de los centauros, Piedra, papel o tijera, el libro de cuentos Una reina perfecta, y El jefe de la manada, todas publicadas por Alfaguara.

Domingo 14 de mayo
Pabellón Ocre (stand 3111)
17 hs. La marca creativa. Diego Bresler entrevista a Nicola Costantino.
La clave de la innovación para poder fortalecer una marca de autor genuina.
Innovación será el punto de partida de esta conversación con la artista visual que provoca la escena contemporánea con sus esculturas, sus fotografía y su visión del arte.
DIEGO BRESLER
Estudió la Licenciatura de Sistemas de Información con orientación empresarial y realizó un Master en Dirección de empresas en el CEMA. También se capacitó en temas como emprendedorismo, conflictivas del arte y la economía, así como en negocios dentro de las industrias creativas. Efectuó trabajos en asesoría de proyectos en empresas como Shell, Santander y Banco Río. Fue tutor y evaluador de concursos de la incubadora del Centro Metropolitano de Diseño, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Entre sus trabajos más destacados están los relacionados con arte, cultura, diseño industrial, gastronomía, y moda. Bresler es un referente que capacita permanentemente sobre cómo la identidad es el eje de la construcción de un negocio, incentivando al intercambio de ideas y promocionando las redes naturales y las alianzas entre los emprendedores.
Desde 2010, replica su propuesta de capacitación en universidades locales y coordina clusters de emprendedores de industria creativa bajo el eje de la identidad.
DIEGO ERLAN
Nació en San Miguel de Tucumán en 1979.
Es periodista, escritor y crítico cultural.
Fue editor de la revista Ñ del diario Clarín y actualmente escribe para La Nación y Los Inrockuptibles.
Publicó dos novelas: El amor nos destrozará (2012) y La disolución (2016), ambas por editorial Tusquets.
Paisajes con autor es un ciclo de retratos de artistas y sus contextos de producción. Un recorrido por las vidas y las obras del dramaturgo, escritor, director de cine y teatro, Federico León, el escritor Juan José Becerra y la escritora y directora de cine Lucía Puenzo.
DANIELA PASIK
Nació en Buenos Aires.
Es escritora, periodista y coordina talleres de narrativa.
Participó en algunas antologías, entre otras en 40 grados a la sombra. Diez relatos calientes escritos por chicas (Planeta, 2013) y Taco Aguja, cuentos de terror (Pelos de Punta, 2015). Es autora de los libros de investigación Porno nuestro. Crónicas de sexo y cine (Colección Ficciones Reales, Marea Editorial, 2014) y Hacerse. Viaje de una mujer en busca de la cirugía perfecta (Grijalbo, 2010). También publicó la nouvelle Inicio (Colección Temporal, EDUVIM, 2011), el poemario átomos (Tiramisú, 2010) y la micronovela Historia de una chica que se enamoró de un pez (Editorial Funesiana,2009).
Como periodista, trabaja en distintos medios del país. Fue editora de la revista Haciendo Cine, redactora en la sección Sociedad del Diario Perfil y parte del staff de la Revista El Guardián, entre otros. Actualmente es editora general en Diario Z y colabora como redactora en la sección Cultura de Clarín y las revistas Elle y Brando.
CECILIA SZPERLING
Nació en Buenos Aires.
Es escritora, periodista, performer y creadora de ciclos literarios.
Autora de los libros: El futuro de los artistas; Selección natural, finalista del Premio Clarín y editado en Inglaterra; Confesionario 1 y 2, publicado por Eudeba y La máquina de proyectar sueños. Fábula autobiográfica, editada por Interzona, en 2016.
Creadora de los ciclos literarios Lecturas + Música, Confesionario, historia de mi vida privada y Libro marcado –de los cuales es curadora, presentadora y performer– y que se desarrollan en espacios como el Malba, el Centro Cultural Ricardo Rojas, bibliotecas municipales, Biblioteca Nacional, Encuentro de la Palabra. Confesionario TV tuvo dos temporadas en el Canal de la Ciudad, y Confesionario Radio se emite desde 2010 en Radio UBA los jueves de 22 a 24 hs.
Publicó relatos, columnas y crónicas en Página/30, Clarín Cultural, Cronista Cultural y otros medios gráficos.
Desde 1995 da clases de Escritura Creativa en Centro Cultural Rojas.
SANTIAGO TORRES
Apasionado por las nuevas tecnologías es productor, músico, cronista, hombre de medios, conductor de radio, columnista y viajero incansable. Realizó entrevistas con presidentes, artistas, deportistas, emprendedores y personalidades de todo tipo. Con coberturas de giras papales, mundiales de fútbol, elecciones presidenciales y festivales como Glastonbury recorrió el mundo registrando eventos masivos. Actualmente dirige la versión local del medio musical Billboard y conduce el programa de Redbull Music Academy en Bitbox 93.3 que fomenta los nuevos talentos. Trabajó con Susana Giménez, Juan Alberto Badía, Ari Paluch, Chiche Gelblung, Alejandro Fantino y Mauro Viale, entre otros. Académicamente se recibió a los 22 años, en la Universidad de Belgrano, de licenciado en administración de empresas con especialización en marketing y comercialización. Además realizó la maestría en periodismo que dicta la Universidad de San Andrés junto a Clarín.
EUGENIA ZICAVO
Nació en Buenos Aires.
Es Doctora en Ciencias Sociales y Socióloga, recibida en la UBA; Docente e investigadora en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Instituto Gino Germani y UNTREF.
Es Periodista y Conductora del programa televisivo Libroteca en Canal de la Ciudad, que recibió los premios FundTV, Pregonero, Premio UBA y ATVC. Es columnista cultural en No somos Nadie en radio Metro y conduce el podcast Señaladores: club de lectura para escuchar junto a Nicolás Artusi en Posta.fm.
Sus textos pueden leerse en medios nacionales e internacionales como Ñ, Perfil, Lamujerdemivida, Tiempo Argentino, Anfibia, El Planeta Urbano, La República (Uruguay) y en revistas académicas especializadas.
Su crónica Buenos Aires era una fiesta integra la Antología de crónica Latinoamericana actual editada en 2012 por Alfaguara España, también publicada en Argentina. Su texto Mi vida Palermo forma parte del libro Con el corazón en la boca publicado en 2014 por Aguilar.

martes, abril 18, 2017

Psicosis en movimiento


Tiempo Argentino
Domingo 16 de abril
Por Fernanda García Lao


Será porque los discursos han muerto, que se escuchan y reproducen solo frases idiotas. Patadas cortas de electricidad, que duran menos que un aviso de laxante. La suma de idiotez constituye este estado de confusión en que vivimos. O debería decir desesperación. Una tristeza con ruido, donde la palabra es un veneno para ratas. Época de pancartas, llamados, timbreos, fotitos y carteles sin continuidad. Ideología liliput, de bolsillo. La misma frase de boca en boca hasta vaciarse como una vejiga. Titulares, porque ya nadie lee más allá de lo evidente. Huellas brutas, pequeños eructos de sentido. Antes, los diarios servían para envolver huevos. Ya no. La pantalla es inservible. Y da esa sensación de ficción, de distancia. La noticia nace muerta, apenas una respiración que no coincide con el enunciado. Lo que se dice ya no describe lo que pasa. Para no trollear en los medios, nos queda poner el cuerpo en la calle. Pero entonces se cuenta el asunto como ganado. El que va, fue llevado. Cuántos cuerpos movilizás. De qué tamaño es tu bandera. Las señoras finas dicen que van solas y que su concentración es genuina. Y libre. Éramos muchos, dicen, pero no somos de quedarnos en la calle.

Es de madrugada y subo a un taxi. Pasé la noche viajando en micro. El libro de Joan Didion me duró dos horas y el cielo se caía de negro. Me cuesta dormir en movimiento, la velocidad me pone en estado de alerta. La calefacción y el encierro se agolpaban en mi garganta. Sin señal en el telefonito. Entonces el cuaderno, recurso desesperado. Si desespero, que sirva para algo. Aunque ese algo sea literatura. Enseguida aparecen personas que no existen, voces que sugieren desvíos que no entiendo. Escribo porque no puedo parar el micro en el medio de la nada. Y porque la realidad me aturde. No es escape. Es reivindicación.

Desde el poder, envían frases como dardos que no dan en el blanco pero que en la suma construyen lo que nadie se atreve a decir de corrido. Empleados sin tiempo ni agallas para erigir de una vez un discurso acorde con sus intenciones dicen su frase y se esconden para que pase el que sigue. Ideas mal traducidas, como de Google, para salir del paso. Cadáver exquisito, más cadáver que exquisito, del que nadie es autor. Esta crisis no acepta firma. Pero parece un plagio. Esta crisis ya la vi.

El taxista me pregunta a dónde voy pero no escucha mi respuesta. En el espejo delantero ha instalado una pantallita para no ver, y un par de chinos se lastiman entre piruetas. Le repito la dirección justo cuando una china vestida de rojo, los hombros al aire, dice con acento español: "No te preocupes, estoy aquí contigo". El espejo retrovisor no sirve para mirar atrás. Cumple otra función. La distracción del espacio y del tiempo. Llueve sobre la costa y la arena ha creado olas endurecidas como serruchos.

Toda la semana leí las mismas cosas, el terror ahora se toma como licuado. En vasito descartable. Nadie se atreve a ser espantoso sin disfraz ni a asumir las consecuencias de sus acciones. Hay que parecer buena y sonreír, aunque te cueste todos los paros. Hay que pedir sacrificios sin asumir que se reclama desde el confort de la residencia. Hay que torcer los bracitos del pobrerío sin que se note el crack. Bofetadas sin marca aparente. El dolor que vaya por dentro.

Si la palabra grieta apuntaba a distinguir dos modos de entender la política, ahora designa otra cosa. Tal fisura se ha trasladado al campo del lenguaje. El significante no coincide con el significado. Desde el poder se dice desconocer el motivo de las huelgas, de los paros, marchas, movilizaciones, reclamos. ¿Por qué hay un paro general, señor presidente? Ni idea. No hay capacidad para leer lo que acontece. No sabemos si tal analfabetismo es impostado o genuino. Pero es bastante psicótico.

La noche tiene algo para decir pero no se escucha. Rumia el viento sobre nuestras cabezas pero qué nos importa. El tachero maneja despacio, con un ojo afuera y otro adentro. Yo me refugio en el cuaderno. Mueren tres chinos justo cuando el taxi llega a destino. Me queda una frase lisiada, para después. A juego con los tiempos.


Para leer la nota en Tiempo Argentino, click en el título.

viernes, marzo 31, 2017

El mar sucede todo el tiempo


Revista penúltiMA

Los que han crecido junto al mar, la mayoría de la humanidad según las últimas estadísticas, no tienen ni idea de cómo vive la relación con el mar la gente que se ha criado sin tenerlo cerca. Muchas veces la relación es tan complicada que sirve como metáfora del deseo, que tanto miedo da al comienzo, y en el que uno termina sumergiéndose con total desparpajo. Y, quizás, lo termina convirtiendo en parte de su rutina. O no.

Por Lao

1

No recuerdo la primera vez que lo vi. Mi horizonte era la cordillera de los Andes, ese objeto sólido y permanente, frenado. De color celeste, porque a la distancia tiene ese color, como una ola endurecida desde la cresta. Pero debe haber ocurrido que llegamos a Chile, porque la costa argentina quedaba muy lejos, y ahí estaba: el Pacifico que no recuerdo. Aunque me esfuerce no encuentro el registro de esa sensación. El mar por primera vez. Sólo tengo una foto con sombrerito de paja y bikini sobre el pañal, en Viña del mar. Lejos de la orilla. Estoy mirando una piletita redonda un poco más grande que un inodoro. Lo que sé es que mi padre, por algún motivo que desconozco, era jurado del Festival de Viña del mar ese año y que una noche tocó una banda de rock de origen sueco. Y entonces lo vi, a pesar de mi corta estatura. El guitarrista usaba pantalones rojos. Cuando terminó el show pedí que me llevaran al camarín. Y recuerdo, eso no lo olvido, que el sujeto en cuestión me aupó y yo sentí que íbamos por buen camino. El mar, entonces, fue como el amor: extranjero, imposible. Lo nuestro no duro ni cinco minutos.



2

Por fin a los ocho conocí el Atlántico. Viajamos en auto desde Mendoza hasta San Clemente. Fue como ir a la luna. Un viaje interminable en un Fiat 128 con cinco personas adentro. El hotelito no daba al mar ni tenía vistas. Recuerdo sobre todo la escalera. Subir y bajar con bártulos playeros. La calle principal, los apretujones, el olor a bronceador y la visión del turista como una caterva transpirada llena de tentáculos. La única salvedad, un pibe que se hospedaba en el mismo tres estrellas que yo. Daniel vivía en la calle Yapeyú. Eso dijo. Y mucho después, cuando pensaba en él, aparecía San Martín en su casa de Corrientes, y automáticamente a caballo en la cordillera. Otra vez esa pared, mi horizonte primero. Ni un beso con el tal Daniel, pero kilómetros de fantasía. Exactamente, mil trescientos veintiocho de regreso a casa.



3

Habrá sido por vengar mi indiferencia o para castigar mi exceso de romanticismo idiota. No sé. Pero el mar se tomó revancha conmigo. Mi padre se ahogó en el Mediterráneo cuando yo tenía dieciséis. Me guardo los detalles. El duelo parecía interminable.

Prometí no introducir un pie nunca más en esa fiera, ese fraude irracional que seduce con espuma y contemplación y mata sin inmutarse. Me hice punk, no volví a pisar una playa vestida de bañista. Estuve cerca, a las puteadas, vestida de negro desde los tobillos al cuello. Blanca y frenética, con un nudo en la garganta. Cannes, Niza y Mónaco. Playitas de mierda, pensé. Pura piedra y pose lánguida de revista. Pasé por Brasil y me pareció detestable. Felicidad caníbal. En medio de una isla, hotel cinco estrellas, contemplé el suicido. Pero el sol iba a competir con la oscuridad de la maniobra. De México, me sedujo el Huachinango al mojo de ajo frito, las cervezas y la sombra. Impecables las sombrillas. También la adrenalina que me produjo estar cerca de colisionar contra los edificios de la primera línea de playa cuando el viento cambió de rumbo y mi paracaídas y yo éramos arrastrados por una lancha sin freno.



4

El odio se fue licuando, como la pena. Y el mar perdió su drama. De vuelta en Buenos Aires, me hice asidua a las playas en invierno. Hoteles con olor a humedad, vacíos. La sordina fría de las olas y la huella de mis borceguíes sobre la arena. Ese tipo de paisaje fantasmal, con sudestada incluida, que serena. Sombrillas apretadas en la cintura como gordas conteniendo la respiración. Sillas apiladas, sentadas unas sobre otras. La debilidad del sol. Ir en auto hacia allá como quien se introduce en un sueño, en el vacío. Ostende, Valeria del mar. Oscilé entre Punta Indio, donde el río se disfraza de océano, y Punta Desnudez, en el otro extremo. Los vértices ilusorios de la provincia de Buenos Aires. En Orense el sol desobedece la lógica. Sale y se pone en la playa mientras las nubes se vuelven rojas, violetas. El viento compite en extravagancia y desarma la realidad, los médanos, la memoria. No hay caracoles sino piedras negras. Descalzarse, aunque haga frío. Pisar la arena blanda, abusar del sonambulismo que el mar provoca.



5

Cómo fue que volvió a seducirme, no importa. Pero hace casi cuatro años que mi vida ocurre entre Villa Gesell y Olivos. Que arrastro arena desde la orilla hasta la cabaña de mi compañero. Y de ahí a mi casa. Que caminamos por la borde mientras la fiera nos mira, silba y se contonea. Le gusta llamar la atención. No diré que no le temo. Pero al pavor hay que agarrarlo suavemente de los pelos. Un pie, el otro. Todo el cuerpo en el agua. Tirarse sin toalla en la arena. Entrar y salir hasta el agotamiento, cuando todavía no hay nadie. Y darle la espalda cuando llega enero, con sus sillas y heladeras. Desde la cabaña no se escucha el zumbido, pero es como la respiración. O el amor. El mar sucede todo el tiempo.




Fernanda García Lao (Mendoza, 1966) es escritora, dramaturga y poeta. Su adolescencia y juventud las pasó en España,así que, atendiendo a la opinión de Max Aub, ella sería española. Su obra, en todo caso, es profundamente argentina y se extiende en libros como Muerta de hambre, La piel dura, Cómo usar un cuchillo, Fuera de la jaula o Amor invertido (este escrito junto a Guillermo Saccomano), entre otros. Su libro más reciente es el poemario Carnívora.

Personae es la sección que habla, como su nombre indica, de las máscaras, tanto las ajenas como la propia, porque todo texto autobiográfico está preñado de ficción y todos los textos ficcionales han brotado de las semillas de nuestra experiencia. Muchas veces la mejor máscara es la del rostro propio.

Click al título para leer en penúltiMA

miércoles, enero 04, 2017

Retrato de Alfonso en su corcel


Verano12. Página12
Miércoles 4 de enero de 2017

El cuento por su autor
Por Fernanda García Lao

Quién hubiera sido yo, si en cuarto grado no aparecía en España como eyectada por el exilio. No sé, pero mi imaginario sería otro. No tendría este rumor de monarquías pestilentes que pueblan mi sesera.
Tuve una profesora de Historia que en lugar de batallas nos narraba intimidades, colapsos e intrigas desde principios del siglo XV, cuando existían cuatro grandes reinos: Castilla, Aragón, Navarra y Portugal, hasta el regreso de la monarquía tras la muerte de Franco. Yo volvía de clase muy perturbada, en el buen sentido. Supongo que las visitas al Museo del Prado también hicieron su trabajo. Las Meninas y sus caritas decadentes, el primer retrato español de una familia real viva, la riqueza,los perros y la hemofilia, me habían causado un gran impacto. La puerta abierta del fondo y el espejo me dieron la sensación de presenciar algo más que una imagen. Estaba frente a un abismo. Con La familia de Carlos IV, ese lienzo de Francisco de Goya donde opta por no disimular la fealdad de sus retratados, me sentí horrorizada. No por lo poco agraciado del grupo, sino porque uno de los infantes, Francisco de Paula Antonio de Borbón, el hijo menor del rey, miraba directamente a los ojos de quien se detuviera frente al cuadro. Lo que hace el infante es atravesar al observador con sus ojitos movedizos e implacables, a izquierda o a derecha. Curiosamente, la salida del joven príncipe en un coche de caballos, abandonando el Palacio Real, fue el detonante para iniciar el Levantamiento del Dos de mayo de 1808, también retratado por Goya.
De aquellas jornadas infantiles, del travestismo histórico del que fui víctima, ha de ser heredero este cuento. Porque su escritura apenas me tomó unas horas.


Retrato de Alfonso y su corcel



Nunca hubo corona sobre este cráneo. Nací con el don de la prudencia. Mamá era una reina perezosa. Se levantaba tarde, la bañaban entre tres. A papá, la panza le pesaba más que sus obligaciones. Dirigir el destino de su pueblo le daba hambre.

Ser el segundo me dejó sin tarea. Alfonso, el primogénito, había llegado un año antes que yo. Todo le pertenecía. Las sobras del reino serían para mí. Pero en estas costas no hay demasiados recursos. Lluvia, viento y salinidad exagerada. Las joyas de los barcos fueron vendidas mucho antes de nuestros nacimientos. El abuelo devoró crudo al último pirata que se aventuró hasta acá y desde el siglo pasado que no hay sorpresas. Por eso a papá lo casaron con la ociosa del reino más cercano. Mi madre.

La cuna de Alfonso me correspondió en herencia. Entonces, los primeros olores fueron suyos. Leche agria que impregnaba los encajes, las sabanitas. Sus vómitos pasados arrullaban mis sueños. Las tetas de Angustias, la nodriza, ya habían sido succionadas. Sin embargo, yo encontraba cierto gustillo novedoso en aquellas mamas fecundas. La leche nunca es la misma leche, diría Heráclito.

No supe ser salvaje. Mi secretario de motricidad fue contratado para ayudar en mi aprendizaje, pero pasaban los meses y yo me negaba a comer con la mano. Los manjares eran semi masticados por el secretario para evitar mi inanición. Mientras deglutía una pierna de cordero que sabía a boca ajena, contemplaba a Alfonso practicar sobre su pony de madera. Se balanceaba con furia, clavando los talones sobre aquel cuerpo áspero.

A los tres años, lo subieron a uno de verdad y a mí tocó el falso. Mis cabalgatas eran lentas, mezquinas. Me encandilaba frente al paisaje seco del tapiz del salón de juegos, oscilaba fuera del tiempo. Entretenido por el chirrido ambiguo de un caballo enano que no sabía avanzar.

El heredero -mientras tanto- emergía y se ocultaba lejos de los ventanales, apurado en su carrera al aire libre. Corría hasta la última fuente de la pradera artificial que había diseñado un francés para nosotros. Iba y venía envuelto en pieles, transpirado, húmedo. Como su caballito defecaba sobre las rosas de mamá, cada vez eran más grandes, primitivas.

Desde muy temprano entendí la matemática, el latín y otras ciencias inútiles. Alfonso era lerdo hasta en las sumas simples, pero qué equilibrio. Dominaba su cuerpo con tal soltura que a los cinco ya practicaba tiro al pato, arco y lanzamiento de martillo con la facilidad de quien se ata los cordones con una mano. Pronto le correspondió un caballo árabe casi tan alto como papá. Mientras yo leía a Plotino y sus realidades derivadas, Alfonso se aventuraba hasta los límites más oscuros del reino. Volvía cada vez más indomable.

Una mañana de invierno en que las fuentes amanecieron heladas, Alfonso pidió a gritos su caballo, a pesar de las alertas. Mamá tomaba un baño en la torre norte y papá había salido con la excusa de alguna guerra. Nadie pudo detener a mi hermano.

El cielo estaba oculto tras nubes oscuras, idénticas, cuando subió a la cabalgadura. Un rayo laceró el cielo. Alfonso tiró con tanta fuerza de las crines, que su caballo se encabritó. Desbocados ambos, atravesaron los vidrios del jardín de invierno y terminaron sobre la colección de cactus americanos de mamá. La imagen me impactó por su belleza, no podía abandonar la contemplación.

Al equino lo sacrificaron enseguida pero el embalsamador del reino lo dejó impecable. En su nueva faceta de caballo eterno me fue donado. Me asustaban un poco sus ojos duros como almendras sin pelar, los músculos tensos. El gesto pasivo de la muerte. Pero tenía pelo. Y olía salvajemente.

Aunque Alfonso respiraba, no pudo mover las piernas. Vinieron médicos de otras latitudes a sanar sus heridas. Los miembros inferiores le fueron entablillados y embadurnados con yeso.

Mientras tanto, yo estudiaba qué hacer con su caballo. Una tarde logré subir a la montura plateada con la ayuda de tres lacayos y una escalera. Ya no quise bajarme. Tomaba allí el almuerzo, mis lecciones de latín. Algo de su sangre fiera resistía bajo el formol inyectado.

Lo hice ubicar en mi dormitorio, apuntando hacia el precipicio del lado sur. El animal y yo éramos una parábola del ocaso como principio místico.

Cuando por fin retiraron el yeso, las piernas de Alfonso eran dos palitos sin energía, flojas y desnutridas. El torso había crecido desproporcionado. Ya no era capaz de caminar sin ayuda. Bañaron en oro una silla, le pusieron ruedas y ahí lo sentaron, hasta el final de la adolescencia.

Su natural arrojo fue sustituido por el malhumor típico de los lisiados. Pedía ser reubicado en distintos salones porque se aburría. Atrás iba un lacayo borrando las huellas de grasa. Los suelos de palacio estaban repletos de marcas, cambios de dirección. Como la silla lo incitaba a las zonas bajas, su carácter se tiñó de rarezas. El servicio lo esquivaba en cuanto se quedaba dormido. Pedía ver coitos ajenos e incitaba a las criadas a que le mostraran los pezones. Fueron años de tortura. Mamá simuló sordera. Papá decidió embarcarse en busca de esclavos africanos, sólo para mantenerse lejos. Yo resolví aplicar mi mente en dirección contraria a los sentidos. Leía hasta que no había velas.

Una noche, sorprendí a Alfonso llorando. Se negaba a volver a la silla mientras torturaba a su valet con un rebenque. Decidí ocuparme de él. No fue ternura sino egoísmo. Sus lamentos entorpecían mi lectura.

Le diseñé un corsé fijo con dos patas laterales para que se mantuviera en posición erguida. No es bueno que un príncipe se tuerza. De lejos, hasta parecía elegante. Pero el andador era aparatoso y las burlas no tardaron en inundar el reino. Incluso mamá se rió de él un día en que decidió mirarnos. Estaba muy desmejorada. Había envejecido tanto que no recordaba nuestros nombres.

Llegó el verano. La noche más corta coincidiría con el cumpleaños número dieciocho de mi hermano. Papá regresó a salvo de sus tropelías, con cientos de esclavos. Al ver a Alfonso de pie, decidió que era hora de festejarlo.

Se elaboraron listas de invitados con lo más fétido de la realeza internacional por orden alfabético: marqueses pútridos, condesas descalabradas, archiduques de conducta retorcida, en suma, seres disfuncionales con escudo heráldico. Y, por supuesto, Margarite. La princesa que, desde la cuna, le pertenecía a Alfonso.

Mi padre decidió que lo mejor sería embutirlo en una armadura con movilidad propia, antes que pasar apuro frente a tanto imperio. Por eso contrató a un ortopedista checo de gran popularidad, el ingeniero óseo Leopoldo Topocèk.

Llegó de madrugada, tres meses antes del natalicio de mi hermano. Su coche era manejado por un caballo de chapa negra, de silueta finísima. Los cascos eran mínimas ruedas de giro infame. A pesar de la hora, entendí que su llegada era un umbral hacia el futuro. Atrás quedaba el mundo de la materia primitiva.

Una mezcla de pavor y de euforia se apoderó de nosotros. Los criados no sabían cómo alimentar a aquel caballo sin boca, pero fueron instruidos. Topocèk solicitó aceite de maíz y silencio. Escuchó los requerimientos de papá, hizo un gesto con los labios y se abocó a su tarea. Se instaló en las caballerizas abandonadas. Desde la aparatosa caída del sucesor al trono, papá había prohibido los equinos en todo el territorio.

Topocèk permaneció encerrado en los establos. Sin señales de él por varios días, las bandejas rebosantes de alimentos eran devueltas limpias, lo que nos daba la certeza de que continuaba existiendo.

La fecha del cumpleaños de Alfonso se aproximaba. Los nervios conducían a papá hasta las caballerizas varias veces al día, pero el checo no le franqueaba el paso. Cuando su cabeza estaba a punto de perderse a instancias del verdugo del reino, Topocèk hizo llamar a mi hermano. Nadie más tuvo acceso.

Mientras tanto, los esclavos construían un salón de baile nuevo. Los espejos, querubines, mármoles y candelabros venían desde lejanas fortalezas saqueadas por papá.

Por fin, llegó la noche. Esta. Si me ubiqué detrás de los cortinados, no fue por timidez. Tenía un mal presentimiento.

Cuando el reloj canturreó ocho veces, los músicos detuvieron la ejecución de un vals para acrecentar el silencio. Dos criados negros abrieron las puertas y arrastraron una armadura hasta el centro. A modo de brevísimo striptease, retiraron el yelmo y las manoplas. Ahí estaba Alfonso. En lugar de escarpes o espuelas, los pies parecían cascos que no tocaban el suelo. Los invitados giraron atónitos sus pupilas, varias bocas se abrieron. Hubo excitación, aplausos. Estaba erecto sin ayuda, sus piernas, dos postes de acero.

La armadura fulguraba cuando Alfonso tomó de la mano a la princesa Margarite y la atrajo hacia sí, con decisión bien actuada. La orquesta desplegó sus violines, los criados negros salieron hacia sus pocilgas y Topocèk apretó un botón.

Los novios comenzaron a girar. Parecían dos seres a cuerda, una pareja sobre una caja musical. Era hermoso verlos. Las rotaciones cada vez más cerradas. Sus figuras perfectas. Más rápido, gritaron los cortesanos a coro.

La aceleración convirtió la trenza de ella en un látigo. De pronto, iban más rápido que los relojes y sus segunderos, que las aspas de un molino agitadas por el céfiro. Sus cuerpos se fundían con tal velocidad que no había forma de entender quién era la princesa, quién el caballero. Los músicos pasaron de las semicorcheas a las fusas y de ahí, al desconcierto. Tiraron los arcos al suelo, presas de un vértigo contagioso. Las damas estaban descompuestas.

Papá, colérico, batió palmas, pero Alfonso no podía detenerse. El futuro conspira contra la monarquía, gritó. Su voz daba miedo. Topocèk comenzó a manipular los botones con desesperación. No le respondían. Amargado, los estrelló contra el suelo.

Por fin, los giros se hicieron más lentos. Los cuerpos recuperaron definición. Y la vimos. La princesa había perdido la conciencia. Colgaba del brazo de mi hermano como un ramillete de rosas vencidas. Baba roja manchaba el brocatto marfil de aquel despojo. Fue su guardia quien terminó de desarmar, a la fuerza, aquel círculo perverso. Alfonso estaba pálido y cayó al suelo, los ojos perdidos en sus cuencas. Fue despojado del espaldar, de las hombreras. Lo pelaron como a un crustáceo. Margarite fue trasladada a su carricoche. Los invitados se dispersaron hacia los jardines, en corrillos.

Entonces se supo. La princesa no respiraba. Enseguida se escucharon amenazas. Sus caballeros encolerizados saqueaban nuestro reino. A Margarite la vengaron con la misma velocidad con la que había muerto. Alfonso fue privado de su garganta hace escasos instantes. Mis padres crepitan junto al checo en una espantosa hoguera. Todo es humo y desesperación. No pude despedirme de nadie. Pero logré subir a mi alcoba. Trabar la puerta.

La chusma negra entretiene su furia en la planta baja. Escribo entre gritos, con el hedor de mi propia carne vulnerada. Ya vienen. No hay tiempo para revisar mi prosa. Escondo estos papeles bajo la montura de plata. Cierro los ojos. Cabalgaré hasta el último acantilado de la realidad sobre su caballo muerto.


Ilustración: Miguel Rep

martes, diciembre 13, 2016

Agua Viva



Presentación con lectura en vivo del cortometraje en super 8 Agua Viva, de Luciana Flogio.
Museo de la Lengua
La hora de Clarice, 2016
Buenos Aires

lunes, diciembre 12, 2016

Una obra literaria lanzada al futuro

LA HORA DE CLARICE, HOY EN EL MUSEO DEL LIBRO Y DE LA LENGUA
Se trata de una jornada internacional multidisciplinaria dedicada a la notable escritora brasileña Clarice Lispector. En Buenos Aiers habrá música, danza, performances, lecturas, instalaciones, teatro y talleres para niños, entre otras actividades.


Página12
Por Silvina Friera

La intensidad del extrañamiento prolifera en el mundo, como si el futuro fuera un soplo de introspección condensado en su obra. Clarice Lispector exploró la intimidad en carne viva, como quien desembarca en una ciudad desconocida con un leve aire de distracción y no le queda más remedio que extraviarse con las impresiones y los pensamientos, con ese torbellino de ambiguas experiencias que le estallan en las retinas. Los fogonazos de intuiciones, cierta dicha embriagadora del contacto con la “salvaje” naturaleza —”sólo quien teme su propia animalidad no gusta de los animales”, aseguraba esta mujer que adoraba a los gatos y le gustaba observar a las gallinas—, la emergencia de una modesta verdad que jaquea un puñado de certezas, expresan una especie de exceso de “modernidad” literaria para las décadas del 40 y del 50. “La hora de Clarice”, una jornada internacional multidisciplinaria de música, danza, performances, lecturas, instalaciones, teatro y talleres para niños, entre otras actividades, dedicada a la excepcional escritora brasileña, vuelve hoy por cuarto año consecutivo al Museo del Libro y de la Lengua, organizada por los mismos clariceanos de siempre, Carmen Güiraldes, Constanza Penacini y Gonzalo Aguilar, con el auspicio de la editorial Corregidor y la embajada de Brasil.

“La obra de Clarice conecta con una sensibilidad que no se da solo en nuestro país. En distintos países de Latinoamérica, también en Estados Unidos, donde se publicaron sus cuentos completos por primera vez el año pasado, y en Europa –no tanto en España, pero sí en Portugal donde se ha dado una especie de rescate– está ocurriendo un fenómeno similar. Su obra conecta con una sensibilidad de nuestro tiempo”, plantea Penacini a Páginað12. La jornada comenzará a las 16 con la proyección del film Agua viva de Luciana Foglio y lectura en vivo de Fernanda García Lao. Se podrá recorrer una muestra de la fotógrafa jujeña María Ester David. El colectivo in medias res, integrado por Florencia Walfisch y Pablo Bronzini, desplegará una instalación de piezas textiles, música y audio con textos de Clarice. Habrá una mesa crítica con Lucía de Leone, Nora Domínguez y Laura Cabezas; lecturas de Mariana Docampo, Hernán Ronsino, Martín Hain, Vanesa Guerra y la poeta y traductora Teresa Arijón. La danza llegará a través de los cuerpos de Patricia Fabian, Inés Saavedra y Andrea Servera, quienes interpretarán Un día en la vida de Teresa Quadros y sus amigas. Teresa Quadros es el seudónimo al que apeló la escritora brasileña para publicar los textos de la página femenina “Entre mujeres”, en los que daba consejos referidos a la moda, dieta, postura del cuerpo, economía doméstica, y hasta recetas de cocina como buñuelos de queso. Además se presentarán dos performances inspiradas en el universo de Lispector: Si yo fuera yo -tres mujeres de generaciones diferentes que se encuentran para celebrar lo inesperado y ensayar preguntas acerca del paso del tiempo- de Marina Quesada; y Las verseras, con Lorena Croceri y Kika Simone.

Clarice nació en una aldea de Ucrania llamada Tchechelnik, “que no figura en el mapa de tan pequeña e insignificante”, el 10 de diciembre de 1920. Su familia llegó en marzo de 1922 a Maceió, el nordeste de Brasil donde tenían parientes. En la década del 40 publicó su primera novela, Cerca del corazón salvaje. Después continuaría con Lazos de familia (cuentos), La pasión según G.H. (novela), La legión extranjera (cuentos y crónicas), Felicidad clandestina (cuentos) y La hora de la estrella (novela), entre otros títulos. “La obra de Clarice es profundamente actual. Se hizo preguntas y se lanzó a un tipo de experimentación formal que no fue bien leída en su contexto de producción. Por el contrario, las generaciones siguientes encontraron en Lispector un lenguaje, unas formas narrativas y una sensibilidad que respondía a su época. En este sentido podemos pensar la obra de Clarice en su carácter proyectivo, siempre lanzada hacia el futuro”, reflexiona Penacini.

No podía faltar la música en “La hora de Clarice”; estarán Gaby Comte y Sol Wenceslada; y los chicos tendrán talleres de lectura y de máscaras, como el que ofrecerán Fernanda y Paula Pampín a partir de El león ya no quiere rugir (Corregidor), libro de Paulo Valente, uno de los hijos de Clarice, ilustrado por Irene Singer. “Clarice propone una experiencia vital. Resulta muy sintomática la llegada que tiene a otros lenguajes artísticos y a otras disciplinas. Hay innumerables músicos, artistas plásticos, bailarines, actores que trabajan a partir de su obra. Que encuentran allí el germen de algo que late y que puede prosperar en sus propias experiencias artísticas –advierte Penacini—. Del mismo modo, en el ámbito de la filosofía, la antropología y el psicoanálisis aparece Lispector una y otra vez iluminando zonas que condensan buena parte de las reflexiones contemporáneas. Se trata de ideas que Lispector describe, explica y luego pone a funcionar en su propia escritura”.